La Carmelita Hoy

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La Carmelita Hoy

Que Puede decir una Carmelita Descalza al mundo de Hoy?

CarmelitasHOyLo mismo que dijo Teresa de Jesús: Quien no haya iniciado a tener oración, no se prive de tan gran bien, la oración es una realidad sencilla: trate de vivir su unión con Dios, vale la pena esforzarse por avanzar hacia la meta, a la tarde de la vida nos examinaran en el amor.

  • La oración contemplativa se compone ante todo de ejercicio de fe, esperanza y amor.

  • Se educa con el aprendizaje del recogimiento y de los actos de fe; se aprende y adquiere inicialmente mediante el ejercicio perseverante de la meditación.

  • Es fruto sobrenatural y esperado de la meditación y de cualquier otra forma inicial de oración es la meta y el impulso de todos los actos religiosos.

  • Porque es de saber que el fin de la meditación y discurso en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios.

  • Escucha: “Entra en tu aposento y después de cerrar la puerta ora a tu padre que está en lo secreto”.

  • La oración tiende a educar al hombre para la comunicación con Dios.

  • Orar es propio del corazón, no de los labios, pues Dios no atiende a las palabras del que suplica, sino que mira el corazón del que ora.

  • Pero si el corazón ora en secreto y la voz se calla, aunque la plegaria se oculte a los hombres, no puede ocultarse a Dios, que está presente en el interior del alma.

  • Oración es una elevación de la mente a Dios, no sólo con la imaginación y entendimiento, sino con la voluntad y afecto rindiéndose a él y amándole con todo el corazón.

  • La oración, para mí, es un impulso del corazón, es una simple mirada lanzada al cielo, es un grito de agradecimiento y de amor, en medio de la prueba, como en medio de la alegría; en fin, es una cosa grande, sobrenatural, que ensancha mi alma y me une a Jesús. (Santa teresita)

  • La Oración, según Santa Teresa, es tratar de amistad, estando muchas veces a solas, con quien sabemos nos ama. Se trata de estar con Él, e intentar orar, eso es también oración.

  • La gracia fundamental de la Beata Isabel de la Trinidad fue vivir recogida adentro con el Huésped interior, en lo más íntimo de su alma, en esa gracia encontró su cielo en la tierra. “Una alabanza de gloria” es un alma que permanece en Dios, que lo ama con amor puro y desinteresado, sin buscarse a sí misma en la dulzura de ese amor, que lo ama por encima de todos sus dones, aun cuando no hubiera recibido nada de Dios. En el cielo de la gloria los bienaventurados no tienen descanso ni de día ni de noche, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor Omnipotente y posternándose, adoran al que vive por los siglos. En el cielo de su alma, la alabanza de gloria comienza ya su oficio de la eternidad.

  • La oración ordinariamente se lleva a cabo en medio de distracciones, los momentos en que podemos afirmar que tuvimos esa experiencia de Dios son muy breves, por consiguiente no se desanime la persona que ha comenzado a orar, el que persevere hasta el fin, recibirá gratuitamente este don de Dios.

  • A quien se le dificulte la oración, a continuación le presentamos un esquema que le podría ser de provecho.

 

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Maria la Primera Carmelita

A imitación de la Virgen Maria

Cada Hermana acoja a Maria como Madre y Maestra espiritual, para ser configurada a Cristo y llegar así a la cumbre de la santidad. (Constituciones 3,55)

Damos gracias Padre por este don inmenso de su amor, nuestra Madre amantísima, Señora del Monte Carmelo, a quien la Orden debe todo cuanto es.

Dos realidades constituyen especialmente la penetración del misterio de Maria a través de la experiencia espiritual del Carmelo.

  • Maria es la Virgen Orante, modelo de todo Carmelita en la meditación vivencia y predicación de la Palabra.
  • Maria es la Madre espiritual que acompaña el desarrollo de nuestra vida cristiana hacia la plenitud de Cristo, desde las aguas bautismales hasta la entrada en la gloria.

El Don del Escapulario como signo de protección, estimulo de imitación, promesa de las realidades escatológicas de nuestra vida cristiana, viene a ser una síntesis de nuestra devoción a la Virgen, Madre y Reina del Carmelo.

El Carmelo alaba a Dios por las maravillas que en Maria ha obrado y por los beneficios que de ella ha recibido.

Espiritualidad Mariana.

Una de las notas características de la espiritualidad del Carmelo es la presencia de la Virgen María en nuestra vida, la comunión con su persona, la imitación de sus virtudes y el culto de especial veneración.

El Carmelo es todo de María o totalmente mariano como dijo el Papa León XIII.

La presencia de la Virgen en nuestras comunidades acrecienta el sentido de “familia”, por la constante y común referencia a la Virgen como presencia materna en medio de sus hijos e hijas, la dedicación a su amor y a su culto, como especial consagración, determina la intensidad del culto mariano.

La consagración religiosa y la vida cristiana vivida en el Carmelo tienen como meta, según la espiritualidad de la Orden, la perfección de la caridad, del amor de Dios y del Prójimo; la tensión hacia la santidad que caracteriza nuestra vida tiene en la Virgen María no solo el modelo más alto sino también la compañía más eficaz.

Nuestra vida consagrada al servicio de Cristo y de la Iglesia tiene en el amor de la Virgen su ejemplo. Además, la doctrina y la experiencia espiritual de nuestros santos, indican que María es la Madre que acompaña nuestro camino de vida espiritual para que lleguemos, de su mano, hasta la sima del Monte de la perfección que es Cristo.

El sello mariano connatural a nuestra historia y a nuestra espiritualidad, debe manifestarse en una vida que refleje en los hijos e hijas la presencia viva de la Madre.

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Santos Carmelitas

“Los Santos del Carmelo se formaron en una escuela de fuego espiritual, semejante a aquella de Elías. El amor poetiza las íntimas relaciones entre Maria y el Carmelo y hace de la Historia de la Orden un canto de alabanza a nuestro Dios. ”

Son una inmensa muchedumbre de hermanos nuestros que consagraron su vida a Dios, abrazando las enseñanzas del Divino Maestro e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen Maria en la oración, la abnegación evangélica y el amor a las almas, sellado a veces con su sangre. Ermitaños del Carmelo, mendicantes de la edad media, doctores y predicadores, misioneros y mártires; monjas que dilataron el pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa; religiosas que descubrieron el rostro de Cristo a sus hermanos en el apostolado sanitario y docente, sobre todo en tierras de misión; seglares que en medio del mundo supieron encarnar el espíritu de la Orden. Toda la familia del Carmelo de la patria con Maria, su Madre, a la cabeza constituye nuestro gozo y alabanza al Padre Celestial.

Grandes santos a quienes la Iglesia venera e invoca en su liturgia, y santos humildes que bien pocos conocen o invocan fuera de la Orden, con su vida nos proponen el secreto de la santidad en el trato intimo con Dios que desde el coloquio con él se prolonga en la entrega de cada día como comunión de fe y de amor con la inmaculada Madre de Dios, Patrona del Carmelo, Formadora incomparable de los amigos de Cristo a los que cubre con el habito de la Orden para que interior y exteriormente reflejen sus virtudes.

Todos los santos Carmelitas se han moldeado bajo la figura de la Bienaventurada Virgen Maria, han vivido en intimidad con Ella, de Ella han sido apóstoles. De Ella han aprendido a vivir en Cristo y de su amor, en Ella se han inspirado para entregar su vida a la Iglesia y a las almas, es gran importancia la vida de la Virgen en los Santos Carmelitas.

¡El mundo está en llamas! ¿Te apremia extinguirlas? Contempla la Cruz. Desde el corazón abierto brota la sangre del Salvador. Ella apaga las llamas del infierno. Libera tu corazón por el fiel cumplimiento de tus votos y entonces se derramara en el caudal del amor divino hasta inundar todos los confines de la tierra. ¿Oyes los gemidos de los heridos en los campos de batalla en el este y oeste? Tú no eres medico, ni tampoco enfermera, ni puedes vendar sus heridas. Tú estás recogida en tu celda y no puedes acudir a ellos. Oyes el grito agónico de los moribundos y quisieras ser sacerdote y estar a su lado. Te conmueve la aflicción de las viudas y de los huérfanos y tú querrías ser ángel de la consolación y ayudarles mira hacia el Crucificado. Si estás unida a Él, como una novia en el fiel cumplimiento de tus Santos votos, es tu sangre y su Sangre Preciosa la que se derrama. Unida a él eres como el omnipresente. Tú no puedes ayudar aquí o allí como el médico, la enfermera o el sacerdote; pero con la fuerza de la Cruz puedes estar en todos los frentes, en todos los lugares de aflicción. Tu amor misericordioso, Amor del Corazón divino, te lleva a todas partes donde se derrama su sangre preciosa, suavizante, santificante, salvadora.

Los ojos del Crucificado te contemplan interrogantes, examinadores. ¿Quieres cerrar nuevamente tu alianza con el Crucificado? ¿Qué le responderás? Señor, a dónde iremos solo tú tienes palabras de vida eterna.

Estamos llamadas a amarle, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, así cumpliremos nuestra misión y fin temporal en esta vida, el es nuestra felicidad eterna, por eso vale la pena vivir.

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo. Era tan grande el deseo de Dios de comunicarse con el hombre que envió a su hijo como mediador entre Él y nosotros.

Por el misterio de la Encarnación el Verbo Hijo de Dios se hace humildemente uno de nosotros y hay que saber descubrirlo con los ojos de la fe. Jesús por su naturaleza divina, es un ser infinito, y su conocimiento también es infinito. A Jesús, no se le conoce o se le está conociendo. Se le encuentra en la eterna «búsqueda». Nadie puede ver a Dios y quedar con vida; es diferente de nosotros y no estamos capacitados

Para soportar la potencia infinita y perfecta de Dios. Es preciso que Dios mismo nos purifique y nos sostenga. Y es por Jesús que somos purificados; y conociéndolo a ÉL conoceremos al Padre.

Cristo es el principio y el fin, la raíz viva y la clave de interpretación

de toda forma de vida cristiana y especialmente, de la vida consagrada. Sólo Él arrastra y convence,

cautiva y apasiona, asombra y estremece, solo Él inspira a la vez confianza sin límites e infinito respeto.

Para la Carmelita todo le habla de su Amado, el amanecer está radiante de Jesucristo, todo le habla de Él, la vida, la creación, el cielo, el aire, el mar, los pájaros etc.

Todo lo recibimos de Dios y lo hemos de recibir como venido de sus manos.

Hay que ser finos observadores para pasar a la imitación por eso nuestro Modelo ha de ser Cristo.

Hay que observarle con la mayor atención para llegar a ser un buen contemplativo

Después de observarlo hay que imitarlo con fidelidad, para ser lo que el Padre quiere que uno sea.

Una copia viva de Jesús

El hombre es por naturaleza imitador y Jesús nos invito a aprender de su vida. Cuando dijo: aprended de mi que soy manso y humilde de corazón. Por eso hay que empaparnos de Jesucristo, y el Padre tiene en Él sus complacencias. es el Cristo total quien nos cautiva y enamora.

Tú no eres medico

Que el ejemplo de estos santos, sirva para suscitar nuevas generaciones de santidad, muchos santos que, viviendo en obsequio de Jesucristo fielmente servido con corazón puro y buena conciencia, sepan con Maria entregarse día y noche a la contemplación de la Palabra y al servicio generoso a la humanidad, que ese ejemplo nos contagie un amor inmenso y operante por Cristo, por la Iglesia y por el mundo entero.

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En el Corazon de la Iglesia

Durante el proceso que hemos recorrido se nos ha venido clarificando el ideal de todo Carmelita: ofrecerle a Dios un corazón puro y disfrutar del regalo de la contemplación cuando Dios lo quiera otorgar siempre en servicio de la Iglesia y la humanidad.

Qué experiencia tan profunda la de santa Teresa de Lisieux, la gran claridad que tuvo al descubrir su lugar en la Iglesia, cuando sintió en su interior el deseo de vivir todas las vocaciones. Ella dice: ¡Ah, perdóname, Jesús si desvarío al exponer mis deseos, mis esperanzas, que rayan en lo infinito! Perdoname, ¡¡¡y cura mi alma dándole todo lo que espera!!!

Ser tu esposa, ¡oh, Jesús!, ser carmelita, ser por mi unión contigo madre de las almas, debiera bastarme…No es así…Ciertamente, estos tres privilegios constituyen mi vocación: Carmelita Esposa y Madre.

Sin embargo siento en mi otras vocaciones: siento la vocación de GUERRERO, de SACERDOTE,de APOSTOL, de DOCTOR, de MARTIR. Siento en una palabra, la necesidad, el deseo de realizar por ti, las más heroicas acciones…Siento en mi alma el valor de un cruzado…quisiera morir sobre un campo de batalla por la defensa de la Iglesia.

¡Oh Jesús amor mío!, ¿Qué responderás a todas mis locuras…? ¿Hay, acaso, un alma más pequeña, mas impotente que la mía?…

Como estos deseos constituían para mí durante la oración un verdadero martirio, abrí un día las epístolas de San Pablo, a fin de buscar en ellas una respuesta. Mis ojos toparon con los capítulos XII y XIII de la primera epístola a los corintios…, leí en el primero, que no todos pueden ser apóstoles, profetas, doctores etc.…; que la Iglesia esta compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no podía ser al mismo tiempo mano…, sin desanimarme seguí leyendo, y esta frase me reconfortó: «Buscad con ardor los dones mas perfectos; pero voy a mostraros un camino mas excelente» y el Apóstol explica como todos los dones, aun los más perfectos, nada son sin el amor…afirma que la caridad es el camino excelente que conduce con seguridad a Dios. Había hallado por fin el descanso… al considerar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por San Pablo; o mejor dicho quería reconocerme en todos…La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no le faltaría el más necesario, el más noble de todos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que solo el amor era el que ponía en movimiento a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegara a apagarse, los apóstoles no anunciarían ya el Evangelio, los mártires se negarían a derramar su sangre…Comprendí que el amor encerraba todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y todos los lugares… en una palabra que el amor es eterno… Entonces en el exceso de mi alegría delirante exclamé: ¡Oh, Jesús, amor mío!…por fin he hallado mi vocación, ¡mi vocación es el amor!… Sí, he hallado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, ¡Oh Dios mío!, vos mismo me lo habéis dado… ¡en el Corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor!…¡¡¡Así lo seré todo… así mi sueno se vera realizado!!!(cf Ms B).

Esta es la acción de una Carmelita, la utilidad de su vida; con sentido eclesial, orienta todo su ser a este apostolado fecundo, ¡qué misión tan sublime!: «salvar almas y rogar por los sacerdotes », la podríamos resumir en la siguiente frase: «Amar y hacer amar al amor».

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Proceso Vocacional

Las Carmelitas Descalzas se esforzarán a conseguir objetivos excelsos dejando el mundo y entrando dentro de las paredes protectoras del Monasterio, el claustro disminuye las distracciones y proporciona el silencio necesario para la gran obra de oración y contemplación.

El mundo tiene muchas ataduras y atractivos que nos separan del Único necesario, para una Carmelita que ha tenido un encuentro personal con Cristo y una experiencia profunda de su amor el mundo deja de ser un atractivo para ella, «he aquí otra razón de la clausura»

El Carmelo acoge las nuevas vocaciones con alegría y con responsabilidad para que también en ellas el carisma día a día sea comprendido más profundamente, se desarrolle y fructifique.

Cada joven que tras un tiempo de discernimiento, haga la opción de pertenecer a nuestra Orden, recorre las siguientes etapas de formación, deseando al terminarlas consagrarse definitivamente al Señor para toda la vida.

El Carmelo es para personas de grandes ideales deseosas de una realización plena, para la joven que descubre su vocación a la vida contemplativa el Carmelo le muestra amplios horizontes de realización personal, como cristiana, como consagrada, como madre, como esposa, como mujer al servicio del reino y para el reino. La clausura material ayuda a una realización plena espiritual y humana.

Aspirantado:

Tiempo de discernimiento en que se da a conocer a las jóvenes con inquietudes vocacionales nuestro carisma para descubrir si hay signos de un verdadero llamado a la vida carmelitana.

Postulantado:

Tiene como finalidad que la candidata conozca la nueva vida y que los responsables formen juicio de la idoneidad de la misma para la Orden.

Noviciado:

Es una etapa que subraya específicamente el área carmelitana, ya que el fin principal es tener «una experiencia de lo que significa ser consagrado en el Carmelo teresiano»

Profesión temporal:

Crecimiento en el compromiso de los Consejos Evangélicos.

Profesión Solemne:

Ofrenda y Holocausto para toda la vida.

La monja recién profesa de votos solemnes, no ha terminado su formación sino que continúa con mayor amor en el servicio radical de la Iglesia, esforzándose por vivir en una formación permanente, para estar abierta y atenta al paso de Dios en su vida, para ser más eficaz su vocación contemplativa en el mundo entero.

«He aquí la misión de la Carmelita».

Que bueno es Dios, al llamarnos a vivir con él en el «lugar santo» a los pies del Maestro, a tratar de amistad con él, a interceder por nuestros amados sacerdotes pues una Carmelita después de ser un alma Esposa de Cristo e hija de Maria es un alma sacerdotal e intercesora por la salvación de las almas. Su oficio es: «amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma con todas las fuerzas e interceder por la salvación de las almas».

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Un Llamado a la vida contemplativa

Santa Teresa de Jesús experimentaba gran alegría cuando veía una Iglesia más donde estuviera el Santísimo Sacramento. Un árbol necesita de la sabia interior que le de vida, por lo mismo la Iglesia cuenta con comunidades contemplativas dedicadas exclusivamente a la oración.

Me pregunto si efectivamente el mundo conoce la vida contemplativa; si en realidad, el mundo de hoy tiene conciencia de lo que significa, dentro de la Iglesia, la vida contemplativa…

Pero sería muy lamentable que quienes deben vivir, y viven, efectivamente, la vida contemplativa no la hayan penetrado hasta el fondo y no hayan calado profundamente su esencia y naturaleza más íntima. Porque una contemplativa vive con plenitud su vida a la luz de Dios, en la medida que tiene un conocimiento pleno de la esencia y de la naturaleza de la vida que ella prometió vivir a Dios y a la Iglesia.

Entendemos fácilmente qué cosa es la vida apostólica, y a todos nos interesa, pues sus efectos eficientísimos los palpamos de inmediato: están allí, a la vista.

Pero qué difícil es comprender la eficacia y la eficiencia de la vida contemplativa. Sus características la hacen, en cierta forma, una vida incomprendida, tan incomprendida, que muchos pensaron y soñaron que el Concilio había de ser la tumba de la vida contemplativa en la Iglesia.

Dato curioso, precisamente el Concilio se ocupó, en el Decreto Perfectae Caritatis, de la necesidad y grandeza de la vida contemplativa; y nos ha dejado un texto de lo más precioso, acabadísimo, muy completo, en sus líneas esenciales, y que canoniza definitivamente en la Iglesia de Dios, la necesidad y el valor de la vida contemplativa.

Indudablemente que las características de la vida contemplativa la hacen menos comprendida por la generalidad de las personas. La vida contemplativa tiende más a la oración que a la acción apostólica externa; busca más el ocultamiento que la exhibición. La vida contemplativa se entretiene en el trato con Dios, más que en la conversación con los hombres; se entrega con todas las veras de su ser a la penitencia y a la mortificación, más que a la técnica y al trabajo exterior. Es sencillamente, una Manifestación doble de dos matices de la vida de Jesús: LA ORACIÓN Y EL SACRIFICIO.

No todos podemos hacer todo en la Iglesia. La justificación de la vida contemplativa se encuentra en aquel texto maravilloso de San Pablo (Rm. 12,4), en el que nos habla de las distintas vocaciones que hay en el Cuerpo Místico de la Iglesia. Una de estas vocaciones es la que imita, de la vida de Jesús, la oración y el sacrificio.

Oración y sacrificio que, por otra parte, fueron la tónica y la impronta definitivas de la vida de Cristo, que vivió treinta años de vida contemplativa, para sólo tres de vida apostólica; y aún durante su vida apostólica dedicó grandes momentos a la contemplación: cuando huía de las gentes y se ocultaba en el silencio de los bosques; cuando se perdía mar adentro; cuando escabullía milagrosamente su persona a los hombres, para ponerse en contacto con el Padre. La oración y el sacrificio de que Jesús dio nota no sólo durante su existencia mortal, sino, lo que es más, en los momentos supremos de su vida: allí cuando ofreciendo definitivamente su vida al Padre, le dio a conocer que había cumplido todos sus deseos y expiró, dio su vida por nosotros… allí se realizó -como dice San Juan de la Cruz- y no en la hora de su predicación ni en la curación de los enfermos, ni en la multiplicación de los peces y de los panes, la suprema redención del hombre.

Es la oración de Jesús, es el sacrificio de Cristo los que realizan definitiva y complementariamente, la redención, la salvación y las gracias de santificación para el hombre.

Por otra parte, la vida contemplativa se justifica, porque Dios tiene derecho a elegirse almas para su exclusivo servicio; porque hay almas que buscan a Dios en forma absoluta y completa; porque hay almas para quienes serían insuficientes el reducido círculo de una acción apostólica, un número pequeño de almas, una sola especie de apostolado, sino que querrían la amplitud cósmica del mundo como geografía de su apostolado, el número total de los hombres y todas las especies posibles de apostolado. Buscan, sencillamente, cuando son sinceras y conscientes de su vocación, al Absoluto, de manera absoluta y para una acción absoluta, universal y cósmica. Así entiendo yo la vida contemplativa: La vida contemplativa la constituye la búsqueda del Absoluto, en forma la más absoluta y para una acción apostólica absoluta, la más absoluta y totalitaria. Por eso sus grandes objetivos son glorificar a Dios siempre y en cada momento, la obligación de ser santas en el más alto grado que puede concebirse en la tierra…. no tiene pretexto alguno para no serlo así. Salvar el mayor número de almas: no unas cuantas almas… ni aquí y allá, sino todas las almas en todo el espacio y el tiempo, para que así no quede una sola alma sobre la cual su acción de oración y sacrificio no llegue permanentemente.

Los contemplativos son, al mismo tiempo, testigos del misterio de Dios en un mundo materializado, en un mundo que sabe apreciar los valores de la materia y desprecia y subestima los valores del espíritu.

El contemplativo se levanta para decir al mundo que hay otros valores que valen más; el alma contemplativa se pone frente al mundo, para ser testigo de Dios que vive en el interior de su alma en cada uno de los días de su vida; la contemplativa está en el mundo para dar testimonio de la posibilidad de la vida en unión suprema con Dios.

Los medios de que se vale la contemplativa para lograr esta unión son claros: Fe profunda en Dios y en el misterio revelado; ilimitada confianza en la bondad del Señor y en los beneficios que derrama abundantemente, sobre las almas que se le confían; y amor inmenso en el más alto grado, en la llama de amor más viva y, por tanto, una vida profunda de continua oración. Y en la medida en que la contemplativa realiza este ideal, realiza su plan contemplativo; y en la medida en que no está a la altura de este ideal de oración y contemplación, falla en su finalidad y en sus objetivos.

Una vida de intenso sacrificio y de profundo amor a la cruz. Y, ¿esto para qué? Para poder realizar aquel aforismo de San Juan de la Cruz: “Amar a Dios es despojarse, por Dios, de todo lo que no es Dios”.

Para que sea cierto aquello que decía una gran contemplativa:”estar a solas con El sólo”. Para que, como dice otra contemplativa: “sea posible hablar el que no es con El que es”. Para que, finalmente, la vocación de cada contemplativa sea el amor y su lugar, el corazón de la Iglesia.

El Concilio nos ha dicho la verdad sobre la vida contemplativa y nos ha legado un documento preciosísimo que debe ser constante inspiración para las almas contemplativas: han adquirido un enorme compromiso con Dios, con la Iglesia y con el mundo.

Con Dios, porque -como dice el Concilio- deben ofrecerle “un eximio sacrificio de alabanzas”; porque deben entregarse a El en la soledad, en el silencio, en la oración constante y en la austera penitencia. Con la Iglesia, porque las contemplativas deben ocupar un lugar eminente en el Cuerpo Místico de Jesucristo; porque deben enriquecer al pueblo de Dios con frutos espléndidos de santidad; porque deben, con su ejemplo, mover al pueblo de Dios y “lo dilatan con misteriosa fecundidad apostólica.” fecundidad misteriosa, para los que hemos recibido el don de la vida contemplativa.

Pero, sobre todo, fecundidad misteriosa y -diría yo- dramática para las almas contemplativas que realizan su apostolado oscuro y silencioso desde el primero hasta el último día de su vida, sin saber a dónde van, sobre quiénes operan y con qué eficacia se realiza su obra maravillosa de apostolado.

El apostolado de la contemplativa, desconocido de los hombres, es el misterio profundo de la fecundidad misteriosa de la Iglesia. Y, así, las contemplativas que realizan plenamente su vocación“son el honor de la Iglesia y hontanar de gracias celestes”. Con el mundo, finalmente, porque ellas deben sentirse comprometidas a remediar los grandes problemas del mundo de hoy: hambre, enfermedad, incultura, injusticia social. Acaso dirá alguno que las contemplativas no están obligadas a prestar su colaboración espiritual en el orden del apostolado, al remedio de tan graves e ingentes necesidades del mundo de hoy. Esto no puede admitirse: la contemplativa, por propio espíritu, por su esencial consagración a Dios, por el profundo amor que debe sentir hacia sus hermanos, late al unísono con todas las exigencias, con todas las necesidades extremas, con las tremendas urgencias del mundo de hoy. Ellas, como los que están palpando, cara a cara, las grandes necesidades del mundo actual, viven también con el corazón angustiado, pidiendo al Señor, constantemente, que remedie tantas necesidades por las que atraviesa el mundo de nuestros días.

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